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"Progre buenaondita", o la ingeniería de un proyectil verbal

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Cuando una figura con la gravitación de López Obrador toma un término coloquial y lo instala en la disputa política, es cuando menos ingenuo indignarse y reducir esa operación a mera ocurrencia, chiste o insulto. Porque hay palabras que describen, otras que ordenan y otras que reconfiguran el campo en el que se pronuncian. Esto es lo que sucede con “progre buenaondita”: se vuelve instrumento, y como todo instrumento, tiene diseño. Pensemos en “fifí”. Es una palabra que ubica, independientemente de que su significado sea unívoco o no. Su potencia no reside en la definición, sino en que en lo político activa dinámicas de fuerza y de sentido. No se usa para ganar un debate, sino para cambiar sus coordenadas. Como otras de su familia, no se entiende por diccionario, sino por uso. Algo parecido ocurre con "progre buenaondita". Cuando  se incorpora al repertorio del obradorismo y se pone en circulación, en la superficie es la difusión de un apodo, pero ocurre algo más. Se activa un...

Cristeros kawaii, o Ensayo General del Otoño Conservador

En estos últimos meses, las inercias del viejo régimen tantean la posibilidad de un improbable asalto al poder. El conservadurismo mexicano, huérfano de imaginación y de país, hoy ensaya un cóctel de desesperación: banderas de One Piece , argot mileista (“zurdos de mierda”), algún toque de bukelismo, otro tanto de MAGA y, como quien siempre lleva a México en la piel,  el llamado "movimiento del sombrero" como ingrediente nacional . Este último, el único nacido de una desesperación real ante la violencia estructural y la indolencia del poder local en Michoacán, pero que en manos de la nueva rebeldía termina reducido a "nota de color" para ambientar una puesta en escena. Lo que se vio en las calles el 15 de noviembre no fue una juventud descubriéndose subversiva, sino contingentes ya venerables tratando de exorcizar sus frustraciones, acompañados por la ternura solidaria de “bloques negros”, a la usanza de otros movimientos que antes pusieron en jaque a la 4T. La nove...

La forma del agradecimiento

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  En febrero del año 2024, cuando la sucesión presidencial agitaba lealtades y certezas, Andrés Manuel López Obrador publicó ¡Gracias! En medio de la estridencia electoral, su tono parecía venir de otro tiempo: pausado, pedagógico, casi litúrgico. El todavía presidente aventó una piedra en el agua: poca espuma, ondas largas. Todo el libro respira un estilo llano: repeticiones, parábolas, frases-sentencia. No busca deslumbrar, sino algo más difícil: subirle el nivel, no como quien acumula terminajos de relumbrón y apellidos impronunciables para disimular el vacío, sino como quien toma ideas complejas y las devuelve al habla común sin diluirlas; elevar sin excluir, traducir sin domesticar. Una pedagogía que no infantiliza ni elitiza, sino que democratiza el sentido. Sofisticación medida en claridad y eficacia política. Por eso la gente bien, cuando excepcionalmente se digna a leer a López Obrador, rara vez lo entiende y siempre lo subestima.  Allá ella.* El libro es herético p...

Volver a Atenas desde el Caribe

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“Democracia”, insistía el presidente López Obrador, “es el poder del pueblo”. En la obviedad etimológica ( demos , pueblo; kratos , poder) está toda la diferencia: devolverle al término su sentido literal. A los atenienses no les habría hecho falta aclararlo; a nosotros sí. Cornelius Castoriadis lo explicó sin rodeos: la democracia no era griega, era ateniense, y lo que hoy llamamos así sería, para ellos, una aberración. Pero la historia da un giro imprevisto: el filósofo greco-francés confiesa que quien primero le habló de la democracia ateniense como problema actual no fue un oscuro filólogo europeo, sino un marxista trinitense, C. L. R. James (1901-1989), mejor conocido por su historia de la revolución haitiana ( Los jacobinos negros ). Toda cocinera puede gobernar: un estudio sobre la democracia en la antigua Grecia y su sentido para nuestro tiempo (1956). El título del panfleto ya era una provocación. Alude a una frase atribuida a Lenin —“cada cocinera debe aprender a gobernar el...

Comedia de lo solemne, recuerdos del porvenir

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Hubo un tiempo en que la historia parecía tener nombre y rostro, un sentido claro, casi una épica. Luchamos con la certeza de estar en algo grande. Cada manifestación, cada palabra, cada voto abría una fisura en la mampostería de los intocables. A diestra y siniestra se nos miraba —y aún es así— con ese desprecio tan propio de la gente bien: que si hordas fanatizadas, que si las causas de los pobres son causas pobres, etcétera. Pero lejos de rendirnos, marchamos, votamos, nos chingaron; nos organizamos, volvimos a votar, nos chingaron otra vez, resistimos, tomamos vuelo… y la historia, por un momento, pareció moverse. Con devoción creímos que la transformación sería un punto y aparte. Y lo fue. Pero hoy parece más bien un punto y seguido. La transformación sigue, pero también ella cambió. Ya no es sólo horizonte ni promesa: es gobierno, rito y costumbre. El pueblo la siente suya, porque no es sino su propia hechura. Y entre quienes la acompañamos con diferentes intensidades...