"Progre buenaondita", o la ingeniería de un proyectil verbal
Cuando una figura con la gravitación de López Obrador toma un término coloquial y lo instala en la disputa política, es cuando menos ingenuo indignarse y reducir esa operación a mera ocurrencia, chiste o insulto. Porque hay palabras que describen, otras que ordenan y otras que reconfiguran el campo en el que se pronuncian. Esto es lo que sucede con “progre buenaondita”: se vuelve instrumento, y como todo instrumento, tiene diseño. Pensemos en “fifí”. Es una palabra que ubica, independientemente de que su significado sea unívoco o no. Su potencia no reside en la definición, sino en que en lo político activa dinámicas de fuerza y de sentido. No se usa para ganar un debate, sino para cambiar sus coordenadas. Como otras de su familia, no se entiende por diccionario, sino por uso. Algo parecido ocurre con "progre buenaondita". Cuando se incorpora al repertorio del obradorismo y se pone en circulación, en la superficie es la difusión de un apodo, pero ocurre algo más. Se activa un...